El mercurio lleva años y años acumulándose en el pescado y el marisco. Y ante el riesgo que supone para la salud humana, la Agencia Española Seguridad Alimentaria y Nutrición (Aesan) acaba de pedir que se limite aún más su consumo. Según sus nuevos estándares, la ingesta de pescado debe limitarse a 3 o 4 raciones por semana en la población general, y evitarse por completo en el caso de embarazadas o de niños menores de 10 años.

El mercurio llega al océano procedente de la atmósfera (arrastrado por la lluvia), o a través de los ríos. Preocupa a las autoridades porque una vez depositado en el agua, algunos microorganismos pueden convertirlo en metilmercurio, una forma altamente tóxica que se acumula en peces y mariscos.

Aunque el mercurio se encuentra de forma natural en la corteza terrestre, algunas actividades humanas lo liberan al medio ambiente, como la extracción a pequeña escala de oro, la quema de combustibles fósiles o la producción de cemento. El uso del metal y sus emisiones fueron aumentando a medida que avanzaba el desarrollo económico y hoy las estimaciones de la ONU apuntan a que los niveles de mercurio en la atmósfera son un 500% superiores a los niveles preindustriales, y en los océanos, un 200% más altas.

En concreto, las emisiones mundiales anuales de mercurio oscilan entre los 5.000 y 8.000 toneladas métricas por año. Un dato que incluye fuentes naturales (como erupciones volcánicas o emisiones procedentes del océano) y antropogénicas. Entre estas últimas, la extracción de oro artesanal es la mayor fuente de emisiones (37%), seguida de cerca por la combustión de carbón (24%).

 

Fuente, ABC

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