Hasta la década del 70, se tenía la creencia de que debido a la gran cantidad de agua que hay en los océanos, esta tenía la capacidad de diluir todos los contaminantes sin generar consecuencias en el medio.

Durante esos años se vertieron a los mares toda clase de químicos, aguas residuales sin tratamiento e incluso residuos radiactivos con la esperanza de que desaparecieran.

Sin embargo, lejos de diluirse se han acumulado tanto en el agua como en las cadenas tróficas. Los contaminantes que provocan un mayor impacto en los ecosistemas de agua salada son:
Plaguicidas y herbicidas.
Fertilizantes y detergentes.
Productos químicos (desde metales pesados y residuos radiactivos hasta medicamentos, drogas y hormonas).
Hidrocarburos (por ejemplo, vertido de petróleo. Esto produce que los animales mueran asfixiados e impide la entrada de luz solar a los mares).
Aguas residuales.
Plásticos y microplásticos.
Redes fantasma. Son aquellas que se pierden o se tiran al mar. Al quedar a la deriva, muchos animales se enredan en ellas y muchas veces mueren.
Contaminación acústica.

Las consecuencias son diversas:
Formación de islas de plástico.
Eutrofización (proliferación de algas) y falta de oxígeno.
Acidificación de los océanos.
Pérdida de biodiversidad.

Es necesario crear una conciencia general de conservación de los océanos y por eso se celebra el Día Mundial de los Mares cada 29 de septiembre, con la esperanza de ayudar a mejorar la situación.

Fuente: Ecologia Verde

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