La humanidad siempre ha contado sus víctimas de guerra en términos de muertos y heridos, de ciudades destruidas, de medios de vida arruinados. Sin embargo, el ambiente ha sido con frecuencia la víctima olvidada. Pozos de agua contaminados, cultivos quemados, bosques talados, suelos envenenados y animales sacrificados, todo se dio por válido para obtener una ventaja militar.

Además, como señala el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), al menos el 40 % de los conflictos internos registrados en los últimos 60 años tuvieron relación con la explotación de los recursos naturales, tanto por su «gran valor», como la madera, los diamantes, el oro, los minerales o el petróleo, como por su escasez, como la tierra fértil y el agua. El riesgo de recaída de este tipo de conflicto por los recursos naturales se duplica con respeto a otros casos.

Para las Naciones Unidas es primordial garantizar que la preservación del ambiente forme parte de las estrategias para la prevención de conflictos y para el mantenimiento de la paz y su consolidación, “porque no puede haber paz duradera si los recursos naturales que sostienen los medios de subsistencia y los ecosistemas son destruidos”.

El 27 de mayo de 2016, la Asamblea de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente aprobó la resolución UNEP/EA.2/Res.15 Documento PDF, en la que reconoce que unos ecosistemas saludables y unos recursos naturales gestionados de manera sostenible contribuyen a reducir el riesgo de los conflictos armados. Esa misma Asamblea reafirmó su compromiso con la plena aplicación de los Objetivos de Desarrollo Sostenible que figuran en la Agenda 2030 Documento PDF.

 

Fuente: ONU

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